Jack Rudolph

Una pequeña colaboración que hice para mis amigas de Programa Piloto:

En realidad lo que yo quería contaros es que quiero ser Jack Rudolph. Aunque me esté separando de mi mujer; aunque Matt y Danny (nunca sé quién es cada uno) me traigan por la calle de la amargura con su integridad; aunque Jordan sea un bello quebradero de cabeza casi a diario; aunque mi jefe me reviente las pelotas hablándome del gran negocio de Macao.

Porque, admitámoslo, la vida va mucho más despacio y carece de interés una vez terminado cualquiera de los 22 episodios que tiene la única temporada de Studio 60.

La mayor parte de la culpa la tiene Aaron Sorkin, por supuesto. El maestro. Construye un coro de protagonistas que hablan rapidísimo y dicen cosas ingeniosísimas y no paramos de perseguirlos por los pasillos como si fuéramos en burro y nos llamáramos Sancho.

Cada dos años o así entra el gusanillo, la he visto completa tres veces. Entretiene y redime, como casi todo lo bueno, y te la llevas puesta encima, para siempre, como casi todo lo extraordinario. La serie destila grandeza, por la forma en que está tratada, por lo que cuenta y cómo lo cuenta, por la categoría de los personajes, por la elección de las situaciones.

Tiene escenas memorables y divertidas. Podría resumirse el espíritu de la serie en la siguiente: la fuerte contestación que le suelta Jack Rudolph a un magnate chino, socio vital para el asunto de Macao, en presencia de Danny Tripp.

Imposible olvidar la limpia amistad, repleta de complicidad, entre Danny Tripp y Matt Albie, o el lento pero inexorable romance del primero de ellos y Jordan, o las sempiternas peleas de Harriet y Matt, o las charlas entre bambalinas de “los tres grandes”, y por supuesto todas y cada una de las broncas de Jack; porque Jack no habla, abronca.

Todos los personajes son buenos, demonios, y se agradece. Cada uno con sus particularidades, pero no hay nadie abiertamente hostil, o mezquino; son, o tratan de ser honestos. Resulta evidente que no están construidos por post-adolescentes en camiseta y piercing bajo el labio. Son adultos y reaccionan como adultos (en la mayoría de los casos), con el sarcasmo y la ironía que los años acumulan, con la confianza que da conocerse y aceptarse uno mismo después de tanta derrota.

Sorkin cuida a su audiencia con profundo respeto y nos ofrece un retablo creíble de lo que supone trabajar en televisión. Emociona y divierte. Imprescindible.

Así que a ver qué cara pongo mañana en la ofi cuando me hablen de Granjero Busca Esposa.

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