Gypsy (para The Best & Brightest).

Gypsy, para The Best & Brightest

En el relato “La melodía ideal”, incluido en el maravilloso “Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco”, Arthur C. Clarke especula con la posibilidad de crear la melodía perfecta. A través de la adecuación entre las armonías y frecuencias de la música y las ondas cerebrales una máquina interpretaba al sujeto experimentador la pieza musical resultante. Algo así como escuchar a las sirenas de Ulises. Una combinación de sonidos tan poderosa que podía dejarte en estado catatónico, hipnotizado por la dulce escucha.

Al final del verano del 87 yo creí encontrarla en una canción.

Unos envolventes acordes de guitarra acústica y una voz femenina que parecía sonreír. Esa excelente pronunciación, y aquella frase: “you have hands of raining water”, que no he olvidado desde entonces. La melodía hechizaba, adormecía, acunaba. Parecía un mantra o una plegaria.

Era un regalo. A los 17 años la cantante trabajaba de monitora de música en un campamento estival en los Adirondacks, unas montañas al noreste del estado de Nueva York, donde conoció a un peculiar inglés blancuzco y larguirucho, que le llevaba algunos años de diferencia, y que trabajaba de lo mismo. Y claro, os podéis imaginar, el primer amor. Los veo hablando al raso de Leonard Cohen, protegiéndose abrazados del frío de la noche. Ella entregada y sorprendida, él más distante, divertidos ambos con los distintos acentos. De vuelta a La Gran Manzana ella compone la canción y se la envía a Liverpool. Él le regala su bandana.

Suzanne Vega se ha reído siempre de la sobriedad de la bandana, pero en su debut en el Royal Albert Hall, pálida, seria y delgada, con ese extrañísimo abrigo celeste, no tocó la canción, quién sabe si por respeto a esa bonita historia. Su amistad con el indolente británico ha continuado hasta hoy.

A decir verdad es probable que hayan existido otras melodías, y es probable, quizá, que no fuera la melodía perfecta al fin y al cabo; pero es casi imposible mejorar ese momento primero, irrepetible, de descubrimiento, de una canción, o de un sentimiento.

Suzanne se despide en la última estrofa:

And please do not ever look for me

But with me you will stay

And you will hear yourself in song

Blowing by one day.

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