Mujeres, novelas de ciencia-ficción, y viceversa (para The Best & Brightest).

Mujeres, novelas de ciencia-ficción, y viceversa. para The Best & Brightest.

Siendo normalmente tan previsoras no entiendo como un buen número de mujeres albergan tamaño desinterés por la ciencia-ficción. En alguna parte leí: “la ciencia-ficción aunque trate aparentemente de la ciencia, en realidad tan solo se sirve de ella, con rigor o sin él, para alcanzar su objeto fundamental, que es explorar la vida y el espíritu del hombre”. Es muy cierto. Imaginan rayos láser y extraterrestres si les hablas de una novela del género como corren a buscar una pamela si les invitas al hipódromo. Y no es eso, no. Lo que ocurre es que son fantásticas. Quiero decir, que además de estupendas igual a estas mismas señoras les da por leer “50 sombras de Grey”, las novelas de Highlanders, o adorar “Pretty Woman”. Fantasía pura, en el mejor de los casos. Y aunque lo justifiquen como “escapismos” uno ha de andar con la mosca detrás de la oreja.

Es curioso porque las heroínas y protagonistas de los relatos y novelas de ciencia-ficción son extraordinarias. Imborrable el recuerdo de Rydra Wong, la inteligente poetisa y traductora de “Babel-17” (1966), de Samuel R. Delany: “Usaba lápiz de labios de color cobre y las pupilas de sus ojos eran bruñidos discos de cobre (…) Un vestido tejido de color índigo y su pelo como una apretada lluvia nocturna cayendo sobre un hombro”. La frescura de Teela Brown, espontánea y afortunada tripulante que viaja a “Mundo Anillo” (1970), de Larry Niven. Y particularmente mis favoritas, Jessica, la Dama Atreides, y la fiel y entregada fremen Chani, de la trilogía de Dune (1965-1976), de Frank Herbert (la pequeña “Alia, la abominación” también tenía su gracia).

Y no solo personajes, hay que tener en cuenta a las importantes autoras en esta literatura, empezando quizá por Mary Shelley y su “Frankestein” de 1818, que Asimov juzgaba como la primera novela verdadera de ciencia-ficción – y que stricto sensu podríamos considerar así- hasta las contemporáneas y feministas Joanna Russ y Ursula K. Le Guin. A esta última consagrada escritora le debemos la invención del Ansible, un artilugio que permite la comunicación entre mundos a mayor velocidad que la luz. Instantáneamente, vamos. Un recurso utilísimo que han aprovechado incluso otros novelistas.

En los últimos años han aparecido varias escritoras como Nancy Kress (tiene un libro que se llama “Mendigos en España”, que odio concretamente, y no solo por el título) o Lois McMaster Bujold, con su fabulosa y multipremiada serie de Miles Vorkosigan. Los protagonistas, tanto masculinos como femeninos, son entrañables y sus aventuras están llenas de ternura y sentido del humor. Son novelas ágiles, hábilmente construidas, que abarcan una amplia variedad de temas. En “Fragmentos de honor”, por ejemplo, se respira una sensibilidad cercana a Jane Austen, además de ser muy entretenida.

Actualmente han coincidido mujeres escribiendo ciencia-ficción distópica con jovencitas heroínas dotadas, oh casualidad, de carácter y determinación, como las trilogías de “Divergente”, de Veronica Roth, y “Los juegos del hambre”, de Suzanne Collins, destinadas seguro a un público juvenil o, como llaman ahora, young adult. Son ligeritas, claro, con una facilidad pasmosa para convertirse en película, pero devoradas por quinceañeras y no tan quinceañeras.

En fin, que en resumidas cuentas son argumentos por los que no encuentro justificación a ese desdén de algunas.

¡Ah!, y las pamelas son para Royal Ascot. Demonios.

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