Outsider (para The Best & Brightest).

En el Turf un outsider es un caballo con escasa probabilidad de ganar la carrera que no llega a ser un petardazo. En la vida es alguien que se mueve en los límites de los usos sociales, que practica un travieso dentro fuera. Un perdedor con encanto, ni siquiera patrón de sus causas imposibles. Un culo inquieto. Acaso una promesa de no se sabe qué.

Quién no se ha sentido alguna vez un outsider. Apretar los ojos dando una calada desafiando a la parca. Nadar a contracorriente con esa extraña alegría que produce el torrente en las pelotas. Contestar a un jefe. Rechazar un premio. Pararse justo antes de la meta como el corredor del cuento de Alan Sillitoe. Responder solo ante ti mismo y ser la máxima autoridad. Saber que vas a perder, y perder.

De niño Steve Earle creaba ya problemas, y después de aprender a tocar la guitarra y trasladarse a Nashville (una ciudad en la que como dice Malcolm Jack en The Guardian el desamor es casi una industria) empezó a casarse y a divorciarse hasta seis veces. En ese tiempo jugueteó con las drogas y el alcohol hasta acabar en la cárcel, condicionado también por su particular tendencia a saltarse las leyes. Por poner dos ejemplos de su carácter y conducta en una ocasión llegó a tirar un filete a la cara de un productor porque le obligaba a aparecer en la portada de su disco, en otra se peleó con un guarda jurado de su propio concierto y acabó siendo arrestado. Leer su biografía es el jolgorio padre.

Cantante protesta, muy comprometido políticamente, Earle ha luchado y se ha manifestado a favor de los derechos de los indios americanos y en contra de la pena de muerte y de la guerra de Irak, entre otras causas.

En “I Ain’t ever satisfied” en un máximo rapto de rebeldía llega a cantar:

Last night I dreamed I made it to the promised land

I was standin’ at the gate and I had the key in my hand

Saint Peter said “Come on in boy, you’re finally home”

I said “No thanks Pete, I’ll just be moving along”

Imposible que no te caiga bien este tipo íntegro.

En 2004 conoció a la bellísima y mucho más joven cantante de country Allison Moorer y se casó por séptima vez. Han estado ocho años juntos y han tenido un hijo, John Henry, diagnosticado de autismo. Steve Earle pendiente de firmar los papeles del divorcio -“es complicado”- ya no volverá a casarse, Allison fue diferente a todas las demás, y el descalabro es proporcional a cuando naufragaba con la droga. Se refugia en la música y en las giras, porque necesita el dinero.

Quizá a los sesenta años ya no se sienta un outsider, tan solo el pringado que va de paquete en el sidecar de la vida.

Desconozco la razón, pero muchas veces nos toca lidiar precisamente con lo que más odiamos, el polo opuesto a nuestra personalidad, enfrentarnos a nuestros fantasmas particulares, como si de alguna forma un auriga inconsciente nos condujera indefectiblemente a ello, a esa prueba, hasta que logremos superarla.

Pues apretemos los ojos y aspiremos, con humildad.

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