Cuatro historias de Bitter Bierce (para The Best & Brightest).

Cuatro historias de Bitter Bierce (para The Best & Brightest).

Probablemente no pensara en el hielo como el coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento. Probablemente harto ya de su existencia se enrolara en el ejército de Pancho Villa y de alguna manera agradeciera el trato que esos mejicanos bebidos y guasones le dispensaban colocándole en la tapia del cementerio entre empujones y chanzas. Como brasileñas y cubanas hablan del sexo así lo hacen los mejicanos de la muerte: dulce y parsimoniosamente. Vaaaamos, gringo viejo, que lo estás deseando.

Durante toda su vida Ambrose Bierce tuvo tiempo para medir y sopesar la condición humana y plasmarla por escrito. Su final es coherente con sus costumbres y su trayectoria como periodista y escritor. Sus colegas le apodaban “Bitter Bierce” por su estilo cáustico y cínico que jugaba con la ironía y rebosaba misantropía y humor negro. Su libro más conocido, El Diccionario del Diablo, destila mala baba de inicio a fin.

Pero de sus obras prefiero, con diferencia, la dedicada a los soldados. En la Guerra de Secesión destacó como hombre valeroso y topógrafo en avanzadilla y esas experiencias las vuelca en cuentos que son ejemplo de pura y cruel realidad. Son una bofetada con pitido de oído incluido.

Cuando un relato impresiona se graba de por vida. Me ocurrió con cuatro, el más famoso Incidente en el puente de Owl Creek del que se han hecho películas y supuso un punto y aparte en la forma tradicional de contar. La idea es muy original y el resultado helador. Un oficial, un hombre donde trata el asunto de la cobardía y el miedo traspasa el papel. Y mis dos favoritos. Esos cuentos que acabas riendo sorprendido por tu risa, insultando indignado al autor por tamaña afrenta al ser humano, por la retorcida retranca, por la crueldad inabordable, por la inefable verdad que describe: Muerto en Resaca y El golpe de gracia. Correría a una librería ahora mismo para volver a leerlos por primera vez.

Porque una vez leídos se mira diferente. Y si en las conversaciones hablabas tiendes a callarte y a escuchar.

Y te das cuenta de que siguen ahí, esas historias.

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