Bandas sonoras y medias verdades (para The Best & Brightest).

Con algunas bandas sonoras de películas me ocurre una cosa similar a cuando estoy con mujeres muy bellas, o miro el fuego. El objetivo principal -ver el film, interactuar con decoro delante de la hermosa dama- desaparece, y es sustituido por un babear figurado, una especie de autismo repentino e intenso que me teletransporta a extrañas simas metafísicas. No estoy a lo que estoy. Ni siquiera sé si soy.

Empecé a notar el síntoma viendo “Carros de Fuego”, en la escena en la que los americanos entrenan yo ya estaba imaginando a Vangelis emplearse con los sintetizadores, y la cosa no fue a mejor con “Blade Runner”. Luego todo ha sido una espiral hacia la perdición. Morricone y su “Deborah’s Theme” de “Érase una vez en América”, “Ness and his family” de “Los intocables de Eliot Ness”, el score completo de “Cinema Paradiso”. Demonios, si cuando conseguía algún pequeño éxito en la vida (un primer beso, terminar la carrera) juro que sonaba de fondo Randy Newman en “El mejor”, el instante en que Robert Redford golpea la bola y destroza los focos del estadio. Muy grave.

Una vez, durante una temporada que duró seis meses, solo podía levantarme por las mañanas escuchando algunos cortes de “Cadena Perpetua”, como si el que viviera la condena fuese yo, que en cierta manera lo era. “Campo de sueños” de James Horner era para los atascos y “La fuerza del viento” de Poledouris para el footing, y no sabéis lo que es correr. Para los momentos de reflexión utilizaba a John Barry non stop. Y si por casualidad me miraban unos ojos azules era porque se podía oír “Touched by an angel” de “A little princess” de Patrick Doyle por arte de magia.Cuando fumaba y me entretenía con las volutas de humo era indispensable “Chinatown” de Jerry Goldsmith. Los maravillosos “Vide Cor Meum” de “Hannibal” y “Elegy for Dunkirk” de “Expiación” nunca han fallado en los funerales. Últimamente, cuando el sol desaparece y solo queda el cansancio, miro a la ciudad por la ventana abierta y las notas del “Romantic Flight” de “Cómo entrenar a tu dragón” me dicen que el día ha merecido la pena.

Si os habéis creído toda esta sarta de atrocidades y medias verdades tenéis más musiquilla en la cabeza que yo. Es cierto que hay una banda sonora a la que tengo especial cariño. La película pasó desapercibida y apenas duró un par de semanas en un pequeño cine de la zona de San Bernardo de Madrid. Era de las primeras composiciones de James Newton Howard y compré el vinilo al día siguiente. “Promised Land”, con Kiefer Sutherland y Meg Ryan. Todavía lo escucho de cuando en cuando.Lo que también es cierto es que la próxima vez que me cruce con una atosigante beldad me dejaré de mandangas y cantando le gritaré el “Anything, anything” de los Dramarama. ¡Qué pasa!

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