Seres musicales (para The Best & Brightest).

Seres musicales (para The Best & Brightest).

La música puede hacer que seas mejor persona, sin duda. El ejemplo, la parábola, de Phil Connors en “Atrapado en el tiempo”. Una vez comienza a interesarse por las Bellas Artes, que aprende a tocar el piano, su vida interior y exterior sufre una transformación. Se preocupa por los demás, abandona su egolatría, adquiere una sensibilidad capaz de percibir detalles que antes no percibía.

El televisivo Ramon Gener en su reciente libro “Si Beethoven pudiera escucharme” abunda, entre otras muchas cosas, en las experiencias que la música produce al ser humano. Desde pedir platos y vinos más caros con la música de Mozart de fondo, a servir de relajante en una sala de hospital. Es un libro de divulgación estupendo y muy completo.

Sin embargo los dirigentes nazis asistían a conciertos de música clásica y seguían gaseando a judíos en los campos de concentración. Como si no entendieran. Algún oficial, el que aparece en las memorias del músico Wladyslaw Szpilman “El pianista del gueto de Varsovia”, sí lograba hacerlo.

Ignoro de qué depende. La música también puede servir de vehículo para extravagancias. Pero entonces yo no lo llamaría música, si no aspira hacia una trascendencia.

En su último día de pesadilla repetida vemos a Phil Connors como, por primera vez, sin pretenderlo, sin ficciones ni seducciones, actuando para el bien, disfrutando de la vida que le ha tocado vivir, sacando lo mejor que tiene, enamora a Rita.  Y rompe el hechizo. “Today is tomorrow”.

Es el poder que tiene la música (y las Artes, pero la música desde lo más profundo, porque el mensaje lo interpreta cada uno de nosotros, particularmente) además de sanador puede transformarnos desde dentro. Pero hay que permitirlo. Como hay que permitirse, quizá también, el amor.

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