Chocarse con tus héroes (para The Best & Brightest).

Recuerdo a mi madre corriendo con los ojos desorbitados, los brazos extendidos, buscando niños con las manos, gritando: “¡caballo escapado, caballo escapado!”, y yo observándola atónito (claro) porque lo que el megáfono del Hipódromo de La Zarzuela acababa de anunciar era: “¡Atención, atención, caballos al paddock, caballos al paddock!”. Cómo nos hemos reído los hermanos con la anécdota después.

Eran tiempos de hacerse aficionado, de ver a Carudel ganar con la chaquetilla amarilla y la equis roja a lomos de Number One. De correr por la pradera de hierba azotando al corcel imaginario mientras el galope de los de verdad se escuchaba a tu lado. De “hay chocolate, patatas, pipas, chicles, caramelos, al rico bombón helado” que cantaba el vendedor ambulante.

Luego llegaron los tiempos de adorar purasangres como Lord Owen, Indian Prince, Higinio. De reconocer sus colores en la pista, de fortificar una afición reconociendo el mundo del Turf. De aprender a entenderlo y a quererlo.

Y de Partipral, el extraño negrillo que ganaba viniendo de atrás. Qué exhibiciones.

Las noches de Sarasola, queyallegóeltiburóneltiburón.

El parón sin caballos.

Y la reapertura.

Reencontrarse con los rostros de antiguos aficionados, cruzarse de nuevo con tus héroes, intercambiar miradas -como chocarse con Ian Woosnam hombro con hombro en un campo de golf-, nada y tanto. La sonrisa de Claudine Cazalis, Roberto López, elegante y apresurado recogiendo a un niño caído en el ruedo del paddock, JCFdezR dando las últimas instrucciones, Mauri Delcher hablando con los jockeys a la vuelta de cada carrera, serio.

Savater paseando feliz con las manos entrelazadas a la espalda. Abraham García y sus pantalones de cuero. Las hermosas tribunas de Torroja retando al cielo azul.

Ayer domingo el Hipódromo de La Zarzuela abrió sus puertas a la Temporada de Primavera. Ya no estaremos todos, algunos se han ido y otros vendrán nuevos. Sigue siendo mi santuario.

“El juego de los caballos” y “A caballo entre milenios” son dos libros que Fernando Savater escribió desde la pasión por el Turf y el amor por el noble bruto galopador. La única realeza verdadera de sangre que permanece. Están plagados de bonitas historias. Porque el Turf, es eso, recuerdo de bonitas historias. De gestas y sinsabores. Como la vida misma.

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