Dando el cante (para The Best & Brightest).

Al cansino de la guitarra se la estrellaba yo en la cabeza, en bares, terrazas y puertos de mar.

Aunque puedo entenderle.

Esto de ir acompañado por la calle y en un arrebato lanzarte modo musical americano pero variante castiza española: “Diceeen queee Sabatiiiniii pone faroooles, poooneee farooooleeesss, porque no veee  los raaaayooos de tus dos sooooles, de tus dos soooooles”.

O ver una pradera llena de margaritas y tener que hacer el molinillo de Julie Andrews al comienzo de “Sonrisas y lágrimas”. Que no miento, que lo he visto.

Saltar en los charcos a ritmo de Gene Kelly a poco que llueva.

Demonios, acodarte melancólico en cualquier barra inmunda y venirte a la cabeza el “Lonesome Polcat” de “Siete novias para siete hermanos”:  A man can’t sleeeeep when he sleeps with sheeeeep.

O el “Is it ok if I call you mine” que cantaba el pelirrojo Paul McCrane en “Fama”, y que cualquiera sentiría impulsos de entonar, entregado, en presencia su media naranja.

Y la ópera italiana. Puccini de mis amores. “E lucevan le stelle”, “Viene la sera”, “Non piangere, Liú”, que te llegan esas arias como un viento manso y apacible, y se instalan, y tienes que cantarlas, en una noche al raso, en una tarde alciónica, con la mujer que dulcemente llora y todo lo puede.

No sigo mucho la escena musical de Broadway, pero sí al músico y compositor Duncan Sheik, que acaba de estrenar en Nueva York la versión musical de “American Psycho”, ya lo hizo en Londres un par de años atrás. Curiosamente se cumple el 15 aniversario de la película.

Duncan Sheik tuvo un más que aceptable éxito con uno de sus anteriores musicales “Spring Awakening” del que está preparando la adaptación al cine. “American Psycho” es el primer musical enteramente electrónico que se estrena en Broadway y suena realmente bien.

Tengo que encargarle a El Guardián, que creo que anda por esos lares, que acuda a presenciarlo y me cuente.

Lo que no me veo es cantándolo por las calles. Al menos con la policía cerca.

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