Los dioses se aburren (para The Best & Brightest).

Los dioses se aburren (para The Best & Brightest).

Una mañana de sábado me levanté con una certeza: en la agonía siempre es presente. Alguna vez lo he comentado también aquí. (Puse un tuit, porque estas genialidades se me ocurren muy de cuando en cuando).

Desde luego futuro no hay, y uno no atiende a recuerdos del pasado en un trance similar. Se ocupa, naturalmente, de constatar el finísimo hilo de vida que le separa del eterno descanso. Como un pez boqueando fuera del agua.

Morirse tiene que constituir toda una sorpresa.

También es cierto que tiene que proporcionar cierto consuelo saber de lo que uno se está muriendo. Palmarla de un shock anafiláctico sin conocer lo que te está ocurriendo es forzosamente desagradable.

Andamos entretenidos con frivolidades y estupideces y como decía Walter Benjamin: “Nadie disfruta tanto de la vida como el convaleciente”.

El excéntrico Fernando Sánchez Dragó ha comentado que él espera estar muy consciente en el momento de su deceso. Entrada ya una edad pocas experiencias nuevas pueden quedarle al hombre medio salvo que le visite la parca.

Casi prefiero que me seden, que se parece al dejar de existir. Y dejar de existir.

No te haces mayor, de pronto ya eres mayor, y en las noches de mirar al techo ese organismo sintiente que eres tú sabe que un día se convertirá en polvo. Se lo escuché a Jesús Hermida. Y mira, ya es recuerdo y ejemplo.

Hace algún tiempo leí “Elegía”, de Philip Roth, una especie de Ivan Ilich moderno. Cuenta parsimoniosamente el declinar físico de un hombre hasta su muerte. Sus tribulaciones. Su decrepitud. La victoria de la naturaleza sobre el ser. La aceptación de lo que somos, finalmente.

Todo se resume en un hacer por vivir o en un hacer por morir. Y mientras nos hacemos preguntas que quedan la mayoría de las ocasiones sin respuesta. Quizá todo se reduzca a eso, a dejar un ejemplo. Nuestra hora en el escenario.

Dice George Steiner que la verdad es más compleja que las necesidades del hombre. Pero los dioses se aburren. Así que entretengámonos, con frivolidades o no. Y tengamos la conciencia tranquila.

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