Sobre vivir (para The Best & Brightest).

He vuelto a fumar. Al solipsismo del momento de encender el cigarrillo y detenerte en pensamientos abstractos mientras las volutas de humo se disuelven. Al saber que en realidad el que se consume es uno mismo. Ese juego con el riesgo. La nicotina favorece la sinapsis entre las neuronas, y estimula la capacidad de abstracción. “No puedo dejar de fumar, la vida tiene menos interés” me comentaba hace algunos años mi antiguo compañero Santi, que se regodeaba en cada calada.

“Me gustan las personas que saben disfrutar con las cosas”, me dice mi amigo Christian, no exento de razón. Un detalle al que no había prestado atención. Como esos profesores que saben comunicar el entusiasmo por su asignatura.

Guillermo Cabrera Infante, que recordaba amamantarse con leche en vasos sucios en su Cuba natal escribió “Puro humo”, todo un ensayo divulgativo sobre el arte del fumar y la historia del tabaco, y en particular sobre los tipos de habanos, panetelas, coronas, lonsdales, demitasses. Las torcedoras en las fábricas escuchando en silencio la lectura de libros que ellas mismas elegían mientras se afanaban en la tarea. Mucho Victor Hugo. Caín, un disfrutador que comunica.

Sin embargo no. Hay que dejarlo. Antonio ha sufrido un infarto a mediana edad, y tiene tres hijas. No fumaba mucho. Estrés laboral. Este estilo de vida occidental precipitado. Esta precariedad instaurada. ¿En dónde se quedó la estabilidad? La sentimental, la del trabajo, la económica. Pollos sin cabeza. Ansiedad de tenerte en mis brazos. La presión de sacar a los hijos adelante.

Volvemos a los equilibrios. Escapismos que nos matan. Morir sin escapismos. Encontrar los disfrutes sanos. Sobrevivir.

Pues eso.

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