Insignificantes (para The Best & Brightest).

Insignificantes, para The Best & Brightest.

Me asusto cuando compruebo las conversaciones inanes que mantenemos la mayoría de las veces las personas. Incluso algunas charlas supuestamente interesantes o trascendentes. Tan repetidas, tan previsibles, que hacen que aprecie con ganas el silencio. Sería capaz en ocasiones de escribir la vida anodina de un vecino hasta su muerte. Punto por punto. Hito por hito (si es que los tuviera). Cuántos seres humanos conozco de los que podría comentar: “Es la típica persona que si se muriera no ocurriría nada”.

Leer una novela que te cuenta una historia similar a las que ya conoces.

Mingote decía que él quería a la gente. La gente, ese horror.

Señala Steiner: “… en cualquier momento dado y en cualquier comunidad, hay muy pocos “leones” y una multitud de “ratones”. Casi todos nosotros llevamos vidas de segunda”. “Nuestra vida no representa alguna diferencia fundamental”. “¿Cómo debemos entender que nueve décimas partes de las personas contribuyen en prácticamente nada al avance del conocimiento, a los logros estéticos o científicos, y al legado de quienes son excepcionales, del cual depende la civilización?”. “Los creadores, los descubridores científicos, quienes reinan en la política y en la guerra, forjan nuestro mundo. No son como nosotros. De ahí nuestra furibunda esperanza de olfatear algún defecto en su magnitud; de reducirlos a nuestro propio, insignificante tamaño”.

“La gran maestra de la democracia es la muerte”, dice Steiner. Y el retrete. Y sigue diciendo: “El número de hombres y mujeres equipados para asimilar una síntesis kantiana a priori, un soneto de Shakespeare o la teoría de cuerdas puede seguir siendo mínima. Una mayoría incalculable de la humanidad elegirá ver telenovelas en vez de leer a Esquilo; hará del fútbol una religión global, y considerará al pensamiento abstruso como algo cómico o vagamente amenazante. ¿Y por qué no habría de hacerlo? ¿Qué obra de arte, qué poema, qué hallazgo topológico ha logrado mantener el hambre a raya, hacer que la injusticia sea más soportable?”

La semana pasada murió Prince. Es de esas personas que sientes que has perdido algo, o que algo se ha perdido, cuando mueren. Era un tipo bastante raro. Especial. Al igual que no hay que confundir libertad con libertinaje tampoco hay que hacerlo con la rareza y la genialidad. Prince era un humano genial.

Como cantan los Frightened Rabbit en “Head Rolls Off”: “While I’m alive, I´ll make tiny changes to earth”. Y no es poco el empeño.

Quizá sea superarse a uno mismo, al entorno económico, social y cultural (que paradójicamente nos define), y procurar mejorar la vida de los que tienes cerca. Noto que me repito.

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