Ya entonces.

La conciencia atesora lo incomprensible.

Juan Benet

Cuando se acaba una relación duradera hay una parte casi física (aunque es totalmente psicológica) que el organismo no concibe.

En sueños el inconsciente vuelve a la situación anterior, tratando de recuperar ese vacío, pero, sobre todo, tratando de ajustar lo que al consciente le resulta inaudito.

El anhelo de lo perdido, esa inútil melancolía permanece, más o menos, en estado letárgico, y es en raptos de realidad cuando, en ocasiones, la razón percibe el fogonazo de lo ocurrido, su inexorable crudeza. Y empieza el duelo.

Los paisajes cambian, desciende la calidad de vida, el tormento se siente a cada hora, a cada minuto, a cada segundo.

Es el miembro amputado que pica y no se puede rascar.

La lucha perdida antes de comenzar.

El vivo recuerdo de los últimos días grabados en la memoria ya entonces.